El último tango en París
Anoche, estaba cocinando un omelet o (tortilla francesa), cuando fui a la nevera, cogí la mantequilla y tuve un flash de la película “El último tango en París”, película que debo admitir he visto ya hace mucho tiempo y cuya imagen de Marlon Brando, cuando aún era un hombre sex simbol, tenía relaciones con la joven María Schneider, y en una secuencia el coge un trozo de mantequilla a fin de usarla de lubricante.

De más está en admitir que debe ser una de las imágenes más recordadas de la cinematografía clásica, no obstante el valor de este film no solo recae allí, pues la idea original y su trama es básicamente en que una mañana de invierno un hombre y una joven se encuentran casualmente mientras visitan un piso de alquiler en Paris. La pasión se apodera de ellos y hacen el amor violentamente en el piso vacío. Cuando abandonan el edificio establecen el pacto de volver a encontrarse allí, en soledad, sin preguntarse sus nombres.
Si bien a primera vista resulta una trama muy simple y sobre un comportamiento poco explorado para la época, su director Bernardo Bertolucci un cineasta de gran talento poético realizo una auténtica oda a nuestros instintos más básicos.
Nadie ha sabido plasmar en el cine el sexo por el sexo y la locura por la locura con la destreza de este director italiano. El último tango en Paris no solo habla de la animalidad inherente en la condición humana nos habla del amor, de la soledad, de la vida…un auténtico abanico de amor y sexo con un marco tan romántico como estremecedor: un Paris tristemente bello.
Un film transgresor y vehemente que ahonda en nuestro mundo emocional, en la represión de la cordura y en la satisfacción de nuestros instintos más originales, el poder de la libido, en definitiva el placer por el placer.
Es un film que ahonda en la angustia y como hallar su válvula de escape, tal vez de una manera muy primaria, pero efectiva, y lo más rescatable es que pocas veces el cine se había acercado a la esfera de las relaciones personales con tal crudeza. Pareciera que el protagonista busca todo menos amor: una relación en la que no importen los nombres sino la intensidad, pues es allí donde Brando encuentra una salida a su profunda depresión por el suicidio de su esposa.
¿Por qué no te alquilas apartamentos en Paris y te vas a vivir tu propio tango tal vez te proporcionará una experiencia inolvidable?






