Puede la moral in-existir?
Cada vez se habla con más preocupación de la carencia de reglas y normas morales de la juventud creciente, y aunque esta acusación no suene a nuevo, parece que poco a poco la religión va siendo relegada a un lugar más pequeño de la vida cotidiana – y eso asusta a algunos –. Otros sin embargo parecen no participar para nada de ese miedo.

La religión, aparte de otras cosas, ofrecía una gama de pautas que indicaban cómo debía comportarse alguien que quería ser un buen creyente, o lo que viene a representar lo mismo, buena persona. A pesar de estas pautas en religiones como la cristiana, siempre ha habido un sistema de regulación de error-castigo que permite que dichos pecados hayan sido siempre perpetrados. Y esto sigue pasando, pero ¿qué es lo que ha cambiado para que en la misa de los domingos el párroco cada vez se sienta más solitario?
Las normas morales de la mayoría ya no las proporciona la religión, la cual cada vez pierde más credibilidad, las proporciona el sentido común y la convivencia en sociedad. Es extraño oír cómo creyentes de todas las religiones critican más a los agnósticos y los ateos que a los credos ajenos, dando por sentado que no tienen ningún tipo de valores morales bajo los que regirse. Quizás les resulte extraño que estas personas no tengan en su mesita de noche una pistola y salgan cada noche a freír a balazos a los buenos creyentes, creando así el caos en toda sociedad.
Nietszche anunció hace poco más de un siglo la muerte de Dios, y con ello se refería a la renuncia del hombre a las divinidades, pues no le permitían realizarse como. Esta meta hacia la que tenía que dirigirse sería el famoso superhombre. Superhombre que sería la mala traducción del alemán “Übermensch”, por encima o sobre el hombre. Para avanzar hacia el superhombre el hombre no debería dictarse por normas ajenas, supuestamente impuestas por una divinidad, reflejo de lo que tendría que ser el hombre, sino por las suyas propias. Confiando en que su propia realización como hombre le dictase lo que debía hacer evolucionaría hacia su propio destino.
Cierto es que su propia voluntad, según Nietszche, podría ser la destrucción y la guerra. Una destrucción que quizás permitiese la futura deconstrucción, destrucción para construir algo nuevo y mejor. Lo cual no quiere decir que Nietszche estuviese a favor de la guerra, por muy crudas que pudiesen resultar sus palabras, sino que confiaba en la naturaleza humana para devenir en aquello que haría que se superase a sí mismo. Confianza que no se encuentra en el paternalismo de muchas religiones, las cuales niegan la naturaleza del hombre, aunque no den malos consejos que seguir.
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